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Para correr primero hay que aprender a caminar

El 23 de Abril de 2013, a 4 días de mi cumpleaños, sufrí el más perjudicial accidente de moto que había tenido hasta el momento. Desde que me levanté fue un día muy raro, que terminó conmigo internado y toda mi familia preocupada.

Después de intentar esquivar a una chica que se me cruzó en el camino, golpee contra el cordón de la rambla de la avenida por la que venía y volé varios metros por el aire hasta caer en medio de la calle. Me cuesta decirlo pero mi intento tuvo bastante éxito dadas las complicadas circunstancias y la maniobra que tuve que hacer. Me cuesta porque la chica terminó golpeada de todos modos y yo tuve fractura de tibia y peroné con un gran desplazamiento y una pequeña exposición en el tobillo.

Hasta que llegó la ambulancia una señora me sostuvo la mano todo el tiempo, cosa que agradezco aún hoy más que a la ambulancia misma. Después vino el buen trabajo de los enfermeros y el dolor, el mayor dolor que jamás había sentido en mi vida.

Ya tarde en el hospital y recién después de la primera intervención, el yeso y la morfina, pude empezar a sentir algo. Y no era precisamente dolor, era una mezcla entre incertidumbre y miedo. Incertidumbre por cómo seguiría todo y de lo que había pasado, y miedo a no poder caminar o a que me quede la pierna izquierda mal y renguee, a no poder volver a practicar deporte…en fin, a no poder llevar la vida que tenia hasta ese momento. No sólo lo sentía como una perdida física si no también moral, un daño que daba un giro completo a mi vida.

Después del primer mes luego de la operación, un gran logro fue poder salir de la cama para poder compartir una cena en familia. Después del segundo, fue poder manejarme tranquilo dentro de mi casa en muletas. El poco trabajo que tenía, gracias a mi condición de freelance, lo hacía desde casa, y las únicas historias que tenia para contar eran de mi perra Fiona.

Ya al tercer mes fue increíble dejar las muletas y empezar a caminar, con muchos dolores, rengueando, pero a caminar. Los seis meses siguientes los dediqué casi exclusivamente a mi rehabilitación, ya que le destinaba entre 12 y 15 horas semanales.

Se requiere un 1% por ciento de inspiración y 99% de transpiración.

Ese esfuerzo y trabajo me sirvieron muchísimo para poder caminar con normalidad, para que de apoco los dolores fueran disminuyendo y para empezar tibiamente a intentar volver a practicar boxeo. Lo intenté una vez y no pude, al otro día supe que todavía no era el momento. Diez meses después del accidente todavía sentía miedo pero tan mezclado en mi angustia general que no lo podía identificar. Estaba muy feliz de poder caminar y moverme de forma independiente, pero me quedaba todavía volver a como era antes, a sentir las piernas de la misma forma y con la misma solidez que antes del accidente.

Radiografía
Radiografía de mi pierna izquierda robotizada

Podía elegir libremente, podría dejarme los 12 clavos y las dos placas que tenia en la pierna izquierda o sacármelos mediante una nueva operación. El médico me comentó que no era para nada necesario sacarlos, someterme a eso si no me iba a dedicar (como él ya sabia) a ser deportista o no tenia una carrera ligada a ello. Pero yo no podía dejar de pensar que todas las molestias que aun sentía y que todas mis limitaciones tenían que ver con ese agente externo. Hasta ese momento me habían ayudado pero ahora sentía que era hora de sacarlos. Para ser verdaderamente independiente no podía seguir apoyándome en esos fierros.

Un mes después de la segunda operación, el 22 de Agosto de 2014, hace exactamente un año, decidí por simple capricho, convicción, testarudes o llamenle como quieran, salir a correr. No me acuerdo ni por qué ni de donde saqué el “salir a correr” porque todavía no estaba tan de moda como ahora. Lo importante es que salí, corrí 1.8 kilómetros, y camine el resto para completar los tres kilómetros de distancia totales. Esa tarde lo que sentí fue indescriptible, y no me refiero al dolor de cuando llegue o a lo fuera de estado que estaba, me refiero al viento en la cara (¿alguien dijo como en la moto?), a la sensacion de libertad, de movimiento, de logro, de revancha, de todo. La foto que está en la portada es de ese mismo día, del momento justo en el que llegué nuevamente a casa.

Gráfico
Datos obtenidos a través de la aplicación Endomondo

Hoy, a 365 días de ese momento y a 851 del accidente, corro 8 millas (casi 13 kilómetros) en un poco más de una hora y además me estoy preparando para correr los 21k de La Plata en Octubre.

Antes del accidente practicaba boxeo e iba periódicamente al gimnasio, pero lo hacia quizás sólo por placer lo primero y por estética lo segundo. No tenia una causa definida, común o clara de por qué lo hacía. Ahora entiendo al deporte como un principio fundamental en mi vida para lograr estabilidad en todo sentido. No es fácil mantenerse, pero es cuestión de trabajar y crear el habito partiendo siempre de una motivación sólida.

Suena raro porque a la mayoría le resulta obvio, pero poder mover tu cuerpo con libertad, ágilmente, de cualquier forma, ya sea para caminar, bailar, correr o llevar a cabo una tarea doméstica o determinada técnica de algún deporte, es increíblemente hermoso.

Simplemente quería compartir en esta fecha especial mi experiencia. Si no les sirve de motivación, al menos sé que ahora me conocen un poco más.

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