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El fin de la privacidad, el caso de Amanda Todd

Tiempo de lectura: 6 minutos.

Como suele suceder después de un acontecimiento importante, muchos nos ponemos a reflexionar y a analizar sobre el mismo, dándonos cuenta de cosas que quizás antes no le prestábamos atención a pesar de tenerlas frente a nuestras narices. En mi caso hace tiempo que quería escribir sobre la privacidad en Internet y su repercusión fuera de este medio, en la vida real. Con la excusa del caso de Amanda Todd y con los cientos de pensamientos que me surgieron decidí escribir un poco sobre el tema desde distintas perspectivas para que cada lector saque sus propias conclusiones, y lo mas importante, tome sus propias decisiones.

Empezaré por contextualizar la situación, el reciente caso de Amanda Todd trató básicamente de una chica de 15 años que se suicido luego de ser acosada, abusada, y perseguida tanto a través de Facebook como en los distintos colegios donde curso desde los 12 años. Si no conocen el caso o quieren ampliar la información les dejo un enlace para que lean la crónica y vean el video donde ella misma explica su realidad, http://ow.ly/ezUUj.

Lo mas importante, lo esencial, y de lo que uno debe ser cociente durante todo el tiempo que pasamos navegando, es que todo empieza con nuestro propio accionar. Es decir que la pérdida de privacidad en Internet en gran parte es voluntaria, depende pura y exclusivamente de nuestra actividad y de las decisiones que tomemos.

Desde cero, responsabilidades

Primero decidimos utilizar internet, posteriormente decidimos crearnos una cuenta de mail (elegimos un servicio), elegimos tener redes sociales (elegimos servicios nuevamente), decidimos enviar y recibir contenido, crear nuestro propio contenido y publicarlo en los distintos medios a los que pertenecemos, etc. Y así vamos tomando decisiones casi constantemente a través del tiempo sin tomar conciencia del resultado global y sus consecuencias.

Evidentemente impulsados por la necesidad de comunicarnos y compartir decidimos muy rápido, pero no reflexionamos al respecto.

Tomar decisiones a la ligera en cuestiones de Internet es muy común, esto se refleja claramente en que la mayoría accede a sus cuentas desde cualquier computadora o dispositivo sin importar el nivel de protección de los mismos.  A su vez realiza todo tipo de acciones sin prestar atención sobre lo que hace y como lo hace. Quién no ha dejado abierta su casilla de mail en el trabajo, en la notebook de su pareja, o su cuenta de Twitter en el celular de un amigo, y quién no se ha encontrado en alguna computadora de acceso público con un perfil de Facebook abierto.

El orden y el tiempo

El orden en Internet es muy similar al de la vida real. Pasado un tiempo nos encontramos con que tenemos decenas o cientos de servicios en los que estamos registrados a los cuales concedimos acceso a nuestras computadoras personales y dispositivos móviles, como así también a los mismos servicios (como en el caso de las apps de Facebook). Además cada uno tiene ciertos datos nuestros que completamos al registrarnos, rellenamos posteriormente o generamos a través del tiempo. Para completar el ecosistema todo lo controlamos con la misma cantidad de contraseñas (salvo aquel que le pone la misma a todo, fatal error). Entonces, si a toda esta cantidad de información la manejamos de forma desprolija a través del tiempo sufriremos las consecuencias.

Es más que famoso el caso de la gente que hace 5 años atrás tenia una cuenta en Fotolog y hoy no se acuerda la contraseña. Ahí siguen estando todas sus fotos, datos, mensajes y comentarios de hace 5 años atrás y contando. Los primeros años puede ser gracioso, pero con el tiempo eso es parte de nuestra reputación online y muchas cosas pueden atentar contra nuestra propia imagen en Internet. Incluso podemos estar en desacuerdo con nosotros mismos sobre algo que en su momento hicimos público. El simple hecho de no haber controlado una cuenta de Internet como corresponde habla del manejo y la responsabilidad de una persona,  tranquilamente podríamos perder un trabajo o la posibilidad de acceder a uno.

Para lo fuera de control, prevención.

Todo puede comenzar por un accidente, incluso ni siquiera hace falta que sea un error nuestro ni una desprolijidad en el uso de nuestras cuentas y la actividad que desarrollamos en la red. Perder nuestro smartphone hoy por hoy es darle acceso a gran parte de nuestra intimidad al que lo encuentre. Pero por eso es que hay que ser precavidos e informarse primero para saber como actuar ante casos como este.  Antes de saber como subir álbumes enteros en Facebook estaría muy bien saber como manejar la privacidad, como controlar los accesos a los dispositivos, como bloquearlos e incluso como darnos de baja. Lo mismo se puede aplicar a cuando olvidamos o nos roban la contraseña.

Amanda le mostró sus senos a un desconocido, pero tranquilamente puede suceder que una chica le envíe fotos eróticas a su novio de hace años, lo que a priori puede parecer mucho mas seguro. Lo que la chica no sabe ni puede controlar es el manejo que hace su novio con los datos. Ahí radica el problema. No hace falta una intencionalidad (por parte del novio en este caso) para dejar al descubierto datos que posteriormente pueden ser usados en prejuicio nuestro. Amanda describió a la perfección en uno de sus mensajes lo que se siente que algo privado se haga público. Lo dijo en referencia a la foto que la perturba de sus senos y que apareció en todos lados: “Esta allá afuera, no la puedo recuperar”. Paso a ser propiedad de Internet, de todo el mundo.

De la vida real a Internet en un simple paso.

Hasta ahora me referí a situaciones que se producen en Internet y pueden tener repercusión en la vida real, pero mas frecuentemente me encuentro con situaciones que se producen de manera inversa.

Por ejemplo, uno puede estar en la sala de espera de cualquier lugar, pongamos por caso una clínica, y cuando llega el turno nos llaman por nombre y apellido. Toda la sala podría acceder en el acto a mi página personal, a mi perfil en Facebook y de ahí a todas las conexiones que yo mismo genere.

Por escenarios como estos es que volvemos al punto inicial y es que lo que vean esas personas va a depender de lo que cada uno muestre al publico, y lo que no.

Incluso ya le a pasado a conocidas que han dejado por cuestiones administrativas su nombre y apellido en cualquier lugar y al tiempo les llegan solicitudes de amistad de desconocidos o de personas que recuerdan haber visto en esos lugares. El documento, el registro de conducir, cualquier carnet, la tarjeta de crédito, todo tiene nuestro nombre y nuestro nombre esta en Internet.

La suplantación de identidad y la responsabilidad de los servicios.

Lo ultimo a lo que quiero referirme en problemas de privacidad es a lo mas fácil de realizar en la web, con mínimos conocimientos cualquiera puede crear una cuenta de correo o un perfil en cualquier red social falsos. Esto es conocido como Phising. Los fines de esta actividad son variados, desde la obtención de datos bancarios o de tarjetas de crédito hasta el simple hecho de regocijarse con la crueldad de difamar, burlar, lastimar o digámoslo en criollo joder a una persona.

Esto es algo que los famosos “sufren” a diario pero a ellos les basta con salir a decir por televisión o radio que no tienen cuenta o que su cuenta es tal o cual pero cuando se trata de una persona común y corriente la gravedad del caso es mayor y la posibilidad de revertir la situación mas difícil.

Si bien algunos servicios se rompen la cabeza para armar una política de privacidad que le sea apropiada tanto para el usuario como para sus negocios nunca debemos de confiar en ellas por completo. Hace poco Facebook salió a mostrar la cantidad de reportes y denuncias que recibía por día y dijeron que se les hacia muy difícil atender a cada una. De esto solo diré que me parece patético para ser suave. Todo pasa y seguirá pasando por lo que permitimos y compartimos.

La inocente Amanda sufrió en carne propia todo lo que relate anteriormente, no midió lo que hacia con un desconocido y mas allá de sus motivaciones esto fue acompañado de la ignorancia de las consecuencias de sus actos. También sufrió el acoso de quienes ya la conocían tanto virtual como en la vida real. Su reputación online fue llevada a la vida cotidiana, al colegio y en todos padeció lo que se denomina bullying. Soportó la suplantación de identidad con sus fotos intimas e injurias, etc. Internet ocupo por completo su vida durante sus últimos años, tanto, que su mensaje de despedida lo dio a través de YouTube e incluso las fotos de su autopsia también fueron hechas publicas, como si su muerte no hubiera sido suficiente.

Como en todas las tragedias no hay un solo responsable y es difícil medir cual es el de mayor importancia pero tanto ella, su familia, amigos, novios, acosadores, conocidos, facebook, todos en distintos niveles y con distintos grados de responsabilidad conspiraron para que el suicidio de Amanda fuera inevitable.

 

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