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Minimalismo aplicado: desprendete de vos mismo para vivir más liviano

Desde que leí por primera vez sobre desprenderse de las cosas, y si bien al principio lo hice tímidamente, no paré de dejar a un lado todo lo que pude. Y me refiero a cosas en general porque a pesar de lo que parece a primera vista, no se trata sólo de lo material.

Tener solo las cosas esenciales a nivel personal y laboral nos permite enfocar nuestros recursos en lo  que verdaderamente importa y en los objetivos que verdaderamente queremos lograr.

Pero, ¿por qué me parece importante hablar sobre el minimalismo? ¿Por qué existe todo un movimiento basado en esta premisa y por qué lo recomiendo? Creo que es un concepto que tiene que ver con la vida de todo freelance o emprendedor digital, ya que si tenemos una cualidad es que podemos movernos a donde querramos y que por ello resulta atractivo hacerlo de la manera más eficiente y cómoda posible. En conjunto, creo que conforma una nueva visión que se está dando en todo el mundo completamente opuesta al consumismo desenfrenado y sin sentido de las sociedades capitalistas desarrolladas.

Al igual que no se puede correr con cosas en las manos o llevando una mochila pesada, no se puede tampoco ir libre por la vida, viviendo donde uno quiera y haciendo lo que uno quiera cuando tenga ganas si se debe arrastrar miles de cosas que no son esenciales para realizar plenamente las actividades que deseamos.

Pero antes de empezar a desprendernos de las cosas tenemos que desprendernos de ciertos conceptos que conforman nuestro sistema de creencias, por eso es importante preguntarnos en profundidad por qué las tenemos y las seguimos almacenando durante tanto tiempo.

¿Por qué guardamos cosas?

La vieja escuela

Si hay un factor que veo en común entre la gente mayor es, ante todo, la de acumular objetos. Sin importar de qué clase social sean, ellos se rodean de objetos completamente inútiles, obsoletos o innecesarios. Incluso podrán notar en sus casas una habitación o un apartado donde depositan cientos de objetos de todas las épocas, donde no te sorprendería encontrar restos de madera bastante deteriorados de un antiguo mueble de hace cincuenta años, que se guardan porque es de un material del cual “ahora no se hacen más” y ya que fundamentalmente “uno nunca sabe cuando puedan servir”.

Muchas personas jóvenes tienen todavía la costumbre (consciente o no) de sus padres o abuelos, que guardaban todo “por las dudas”. Y la costumbre también de que algo nunca es suficientemente viejo, y que siempre se puede reutilizar incluso para otro fin que no necesariamente debe ser para el que originalmente fueron creados dichos objetos.

Pero a mi entender, y por experiencia propia, se puede rebatir fácilmente este comportamiento. Para empezar se debe tener el lugar que quizás no nos sobra o no tenemos o que podríamos usar para otra cosa, o del que simplemente podemos olvidarnos si no lo usáramos para acumular. Una habitación o área llena de cosas es más difícil de mantener y menos útil que una vacía.

Además suele suceder que cuando se necesita algo de verdad sea lo que sea, va y se compra nuevo, incluso un repuesto o una parte insignificante para armar algo. Nunca o muy pocas veces la gente recuerda lo que tiene guardado para esa ocasión en que lo necesite. Para completar el marco de situación, los objetos como los electrónicos ya no están pensados para ser reparados, si no para cambiarlos por unos nuevos, la idea de su sustentabilidad hoy no pasa tanto en que duren cien años, si no que en el tiempo que duren consuman la menor energía posible, y que de ser posible sea reciclables.

A mi la sensacion de “por las dudas” o “para usar sí lo necesito” no me pasa tanto con objetos físicos pero sí que me pasa mucho con la información. Guardaba hasta hace poco, el 60% de la información que consumía porque creía que podía servirme para hacer tal o cual trabajo en el futuro. Por alguna razón pasaba por alto el hecho de que nunca haría dicho trabajo, y que llegado al caso siempre googleaba nuevamente, como si no tuviera nada guardado y muchas veces, por no decir todas, directamente me olvidaba de lo que había almacenado. La información hoy por hoy abunda y también se recicla.

Nuestra identidad

Si tenes una guitarra porque hace algunos años habías empezado a tomar clases pero ahora lo único que hace es juntar polvo entre las cuerdas, probablemente la guardes para recordar ese momento de exploración y de emoción que brinda el aprendizaje de un instrumento musical. Pero también lo haces probablemente para decirle a los demás “mirá, tengo una guitarra así que eso me hace guitarrista, buena onda, o al menos, amante de la música“. La guitarra es eso que queres o quisiste ser, o bien eso que queres expresar que sos, o que los demás piensen de vos.

A mi me pasaba con las cosas de moto que tenía. Desde el 2013, año en el que vendí la moto luego de un importante accidente, me había quedado con todo tipo de objetos relacionados con las motos. Realmente muchas cosas como accesorios y repuestos para la moto (en realidad para incluso más de un modelo de moto), indumentaria para vestirme de pies a cabeza, y objetos relacionados con el viajar en moto. Por supuesto que al no tener el vehículo nada de eso me servia y no tenía sentido conservar nada, pero al ser cosas que valoraba y en muchos casos costosas, que en su momento me habían costado tanto adquirir y que cuidé durante tanto tiempo, me era difícil pensar en desprenderme así como así.

Y eso tampoco era lo peor. El punto es que lo peor fue darme cuenta de que ya no era más un motociclista, ni un viajero motoquero. No quería aceptarlo y vivía con la esperanza de que dentro de X tiempo volvería a tener una moto, mi hobbie y mis emociones. Como el amigo con la guitarra que piensa que en X tiempo va a realmente dedicarse a aprender y de una vez ser un buen guitarrista reconocido aunque más no sea por sus amigos, yo también no quería ver que si bien no es imposible que en un futuro vuelva a tener una moto, no iba a pasar en lo pronto porque de hecho así lo había decidido.

Por supuesto que hoy puedo escribirlo fácilmente porque pasé por el proceso de caer en la cuenta lentamente y porque ya no me queda nada de todo eso. También porque entendí que el no tener esas cosas no me quita las experiencias y emociones que viví con ellas. ¿Estas seguro de que no guardas nada por este motivo? ¿No hay algo que debas aceptar y dejar ir?

La construcción de tu identidad debería estar dada por lo qué haces y por cómo lo haces, no por tus cosas. Realmente las cosas puede que le digan a tu mamá lo que haces o lo que te gusta, pero de ninguna manera conforma tu identidad. Y mucho menos lo que comunicas y la imagen que los demás se hacen de vos. A no confundir estatus o estilo con identidad.

Los recuerdos

El ultimo factor clave es el emocional. Seguramente tenes tu caja de recuerdos, que cuando la abrís podes volver a un momento determinado y revivir, aunque sea en parte, una determinada emoción. Creo que hasta el más minimalista de todos debe tener su objeto/recuerdo por ahí.

Yo tengo una memoria bastante mala, por lo que tiendo a acumular recuerdos, como las fotografías. Pero particularmente me pasó con cientos de objetos que había ido juntando y coleccionando en mi época de fanático del Club Estudiantes de La Plata (club de fútbol de la ciudad donde vivo). Fueron 10 años de muchísimos momentos y emociones, compartidos con amigos y familiares y en todo ese tiempo en el que me involucre en el club de todas las formas que se te puedan ocurrir, pero que ahora ya nada queda de mi fanatismo. En todo ese tiempo fui guardando cosas primero por sentir un fuerte orgullo de los logros que la institución iba obteniendo, luego los guardaba para poder compartirlos, y finalmente para poder recordarlos o simplemente por inercia porque ya los tenia.

Este es quizás el factor que más peso tiene a la hora de deshacerse de algo ya que tiene un carácter útil en cierta forma, que es el de volver a hacernos sentir bien, o al menos rememorar un momento o situación en la que fuimos felices o en el que nos sentimos orgullosos. A veces es mejor leer un diario viejo donde se cita una épica victoria de tu club favorito, que ponerte a ver los últimos asesinatos del día en la televisión.

Así y todo creo que hay que ser lo más distante posible con estas cosas para valorar realmente cuales son las de más peso y las que verdaderamente nos hacen volver o nos motivan a continuar, para conservarlas incluso mejor si es el caso.

Diferentes peceras

¿Por dónde empezar?

Una buena oportunidad para empezar a ser minimalista es, como le sucedió a Sergio de Sé Leyenda, ante una mudanza, sobre todo si se pasa a vivir en un lugar más chico. Otra buena oportunidad es ante un viaje de larga duración (mínimo de 1 a 3 meses), donde es inevitable llevarnos lo esencial y donde al final del mismo podremos evaluar qué utilizamos y qué no.

En mi caso empecé hace justo un año después de leer este gran post de Super Hábitos. Principalmente comencé por aquellas cosas que estaba clarísimo no necesitaba, que incluso no solo no utilizaba si no que ya ni veía al pasarles por al lado. En esta lista había adornos obsoletos, objetos que hacían de adornos, papeles, revistas y todo tipo de impresos guardados en cajas, cajones y carpetas ocultas debajo de más carpetas, ropa que jamás usaba o que vestía solo en casa, objetos prestados y electrónica obsoleta de la década pasada.

En muchos casos directamente tiré las cosas. En otros vendí los objetos que podían darme una buena cantidad de dinero y que no estaba utilizando o ya no me interesaban. También regale todos aquellos cuyo valor no representaba una ganancia importante y que a su vez sabía que otra persona lo podía aprovechar mejor o lo deseaba más que yo. Y doné los de valor intelectual o conmemorativo a instituciones donde pueda ser compartido con más personas y le den un trato más especial del que yo podía.

La regla principal que seguí fue no dilatar el desprendimiento, si algo no lo podía tirar lo ponía a la venta, pero si no lo podía vender en el corto plazo, lo regalaba o lo donaba. Tenía que ser simple y rápido, ya que de lo contrario sabía que iba a dejarlo en un costado para luego olvidarlo y nuevamente pasar a acumularlo sin sentido.

Desprendimiento digital

Luego continué por los objetos digitales (si, estos también cuentan) donde almaceno muchas cosas personales y en el caso de lo laboral el 99% del material de trabajo. Tenía dos computadoras casi llenas, un disco externo de 1TB de backup repleto y dos discos rígidos y decenas de CDs con archivos de todo tipo. Descarté mucho, me quedé solo con el disco externo y lo laboral lo subí a la nube luego de un profundo filtrado para sincronizarlo cuando resulta necesario entre la computadora de escritorio, la notebook y los dispositivos móviles.

Me deshice de archivos de texto, hojas de calculo, imágenes y carpetas enteras, pero también de mucha información. Borré miles de favoritos, me desuscribí del 80% de las listas de correo, prescindí de la mayoría de las fuentes de blogs y recursos, grupos, foros, redes y perfiles sociales para participar sólo en las que más me interesan o me dan alguna satisfacción. Simplifique los programas de gestión, las cientos de tareas, los borradores y anotaciones, y un largo etcétera de información.

Considero que para mí la parte digital fue y sigue siendo incluso más complicada que lo físico a la hora de desprenderme, sobre todo porque parece que no ocupar lugar y que justamente por mi profesión, siempre me será de utilidad. Pero por este motivo es que ocupan lugar de todas maneras, no en el disco, pero sí en mi cabeza, y por eso debo prestar más atención y cuidado con lo que acumulo de forma digital.

 

Una vez que se empieza hay que tener en claro una cosa, el desprendimiento es como la dieta: no puede hacerse una vez y nunca más, o una vez al año para volver a acumular un montón de cosas durante los 11 meses siguientes, si no que se debe hacer permanentemente e incluso antes de adquirir algo. Antes de la próxima compra preguntate si de verdad tiene utilidad, valor y sentido el poseerlo.

Tener menos cosas a nuestro alrededor, en nuestros cajones y en la mochila, reduce muchísimo el tiempo que gastamos pensando en ellas o en tareas relacionadas con ellas, muchas veces ligadas a su mantenimiento, conservación o seguridad. En muchos casos no sólo ganamos tranquilidad y tiempo, si no que también ahorramos dinero.

Como ves, no solo se trata de desprendernos de cosas si no también de malos hábitos, de costumbres familiares y creencias culturales. Si logramos tener sólo lo esencial podemos andar mucho más livianos para vivir cada momento de forma más plena y enfocada. Las cosas que tenemos son nuestra responsabilidad, son parte de nuestras vidas y es nuestra decisión conservarlas o desprendernos de ellas.  ¿Ya viste cuánta ropa tenes en el armario?

 

Comentarios

3 comentarios

Matías Salom

¡Marcos!

Qué alegría leer sobre tu proceso minimalista, ¡y qué bueno haber podido sumar un granito de arena allí! Como dices, lo digital es más difícil que lo físico, pero igual suma.

Me encantó la frase “Una vez que se empieza hay que tener en claro una cosa, el desprendimiento es como la dieta: no puede hacerse una vez y nunca más, o una vez al año para volver a acumular un montón de cosas durante los 11 meses siguientes, si no que se debe hacer permanentemente e incluso antes de adquirir algo”.

Un abrazo!

Marcos

Gracias Matías por tu comentario 🙂 Definitivamente ustedes fueron fuente de inspiración para empezar este proceso minimalista y tener otro punto de vista sobre las cosas materiales. Abrazo!

Fernando Contreras

A mi me sucedia lo mismo que me apegaba con gran intensidad a lo sentimental, sea ropa o algunos objetos, pero poco a poco me voy deshaciendo de ello.
Lo sentimental es un factor delicado, pero creo que mientras sea lo indispensable, todo estara bien.


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