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El problema más grande de la educación es…

Ese día en el colegio estaba iluminado (foto del año 2006) y hoy puede que también. Es que me di cuenta que el problema más grande de la educación sos vos, y yo. Somos todos como individuos.

Mi novia siempre me dice que tiendo a generalizar y es verdad, tiendo a buscar eso que unifique y de sentido al todo. Pero no me quiero ir por las ramas y pretendo que al final del post entiendas por qué empece echándonos la culpa a todos.

Resulta que un día, hace un par de años, comenzó a interesarme la educación. Y esta es la primera y quizás más irrefutable prueba de lo que tomo como el principal problema de la educación.

Esto quiere decir que antes no me interesaba y luego de un día cualquiera que por supuesto no puedo determinar, sí que empezó a importarme de verdad.

Ahora bien, esto no significa que antes de ese día no me haya preocupado en algún momento o que no me haya quejado o que no haya sabido enumerar la cantidad infernal de problemas que tiene la educación del siglo XXI.

Significa que al margen de la causa que despertó este interés, a partir de ese momento comencé a aprender sobre mi propia educación y a entender cómo funciona y cómo me relaciono yo con ella.

Este interés y la continua relación de las problemáticas conocidas con mi entorno cotidiano, no hizo más que revelarme nuevos problemas de nuestra educación, aún más graves y complejos.

Pero por más que fuera acumulando problemas y si bien algunos destacaban más que otros o eran más globales, ninguno conseguía ser el más importante y raíz de todos los demás.

Hasta que releyendo “Padre Rico, Padre Pobre“, libro que justamente trata sobre la educación (particularmente la financiera), me encontré con el siguiente fragmento:

 

Tengo varios amigos que han generado más de mil millones de dólares durante sus cortas vidas. Los tres reportan el mismo fenómeno: sus amigos que no tienen dinero nunca han acudido a ellos para preguntarles cómo lo hicieron. Pero se acercan para pedir una de las siguientes dos cosas, o ambas: 1: Un préstamo, y 2: Un empleo.

 

Y como si fuera una lluvia de meteoritos comenzaron a llegarme al cerebro cientos de situaciones similares por las que había pasado o presenciado.

No porque yo sea rico pero sí porque me considero un nuevo rico. Soy rico en tiempo, puedo administrarlo de la forma que quiera, cuándo quiera y bajo mis propias condiciones.

Y frecuentemente me encuentro con personas que me hacen bromas por no trabajar nunca o me piden algún favor porque “vos tenes tiempo” o “vos podes en ese horario“, y cosas así, que demuestran que se dan cuenta de mi libertad espacio-temporal.

Ahora bien, volviendo a la frase del libro, jamás nadie me preguntó cómo lo había logrado. Nadie quiso profundizar sobre mi trabajo, y es verdad que pueda resultar complicado de entender para mi abuela, pero me pasa igual con amigos de mi edad y gente incluso más chica.

No es por una cuestión de complejidad, no trabajo en la NASA, es simplemente por falta de interés.

Lo mismo me tocó presenciar en situaciones en las que estando en un grupo frente a una persona exitosa o que ha vivido algo extraordinario, y que nadie le pregunte nada interesante, que le hablen sobre trivialidades o de sí mismos.

En numerosas ocasiones uno tiene la “llave” a una problemática ajena o al menos una experiencia previa, una herramienta que uno compartiría con el otro si este se interesase, pero que este pareciera no poder ver, que no puede acceder a ponerse en nuestro lugar para comprender que podemos ayudarlo o enseñarle algo nuevo.

O peor aún, es como si tuviéramos que tener tatuada la frente con frases para que el otro comprenda y pueda acceder a la relación que le permita interesarse por nuestro punto de vista, experiencia, habilidad, teoría, conocimiento, etc.

De alguna manera eso ya existe, y es con lo que habitualmente la gente cuenta. Se llaman etiquetas, el problema con ellas es que el etiquetado lo hace el otro, por lo que sólo accede a nosotros desde afuera y es lo que muchas veces bloquea la acción de interiorizarse.

Entiendo que hay mucha gente a la cual le interesa la educación, no digo que no exista esa gente, o que seamos pocos.

Lo que quiero decir es que el problema más grande de la educación es el desinterés, no sólo por la educación propia y ajena, si no también por el otro.

¿Cuántas veces te encontraste enfrente de alguien a quién por algun motivo admiras profundamente, y que en vez de interesarte por él y ese “motivo” o ese “algo” que te gustaría “tener/saber/lograr”, simplemente lo ignoraste o incluso lo maltrataste de alguna manera?

Probablemente piensen que nunca, o que no les pasa con frecuencia pero piénselo más en profundidad y con temas un poco más mundanos.

Cuántas veces ignoramos la política, la economía, la ciencia,  la salud, la naturaleza, la filosofía, la sociedad, la religión, las matemáticas, las finanzas, las relaciones, simplemente porque no nos interesa o porque en ese momento no teníamos ganas de pensar.

Peor aún es cuando alguien está hablando y nadie lo escucha, o que el receptor directo no le presta atención.

No todo lo que nos dicen es importante, es cierto, no siempre se puede prestar atención, también es cierto.

El punto es cuando nos están queriendo decir algo más, nos están intentando hacer pensar, enseñar, transmitir un conocimiento real a veces de forma directa otras indirecta, y nosotros cerramos los oídos y bloqueamos toda capacidad intelectual.

Hace poco leía un capitulo de Rayuela que particularmente es excelente, dentro del cual existe el siguiente fragmento que Cortázar titula “Dialogo típico de españoles“, que para mí revela y explica mucho mejor lo que quiero decir:

 

López.—Yo he vivido un año entero en Madrid Verá usted, era en 1925, y…
Pérez.—¿En Madrid? Pues precisamente le decía yo ayer al doctor García…
López.—De 1925 a 1926, en que fui profesor de literatura de la Universidad.
Pérez.—Le decía yo: «Hombre, todo el que haya vivido en Madrid sabe lo que es eso.»
López.—Una cátedra especialmente creada para mí para que pudiera dictar mis cursos de Literatura.
Pérez.—Exacto, exacto. Pues ayer mismo le decía yo al doctor García, que es muy amigo mío…
López.—Y claro, cuando se ha vivido allí más de un año, uno sabe muy bien que el nivel de los estudios deja mucho que desear.
Pérez.—Es un hijo de Paco García, que fue ministro de comercio, y criaba toros.
López.—Una vergüenza, créame usted, una verdadera vergüenza.
Pérez.—Sí, hombre, ni qué hablar. Pues este doctor García…

 

Nadie puede saber todo ni de todo, el problema no es el qué es el cómo

Por suerte, mientras intentamos interesamos más por el otro, hay mucha gente que está desarrollando soluciones educativas para que aprender sea cada vez más fácil, más cómodo, más accesible.

También cada vez son más las personas que comparten la visión de que hay que aprender toda la vida y no basta solo con unos cuantos años.

Además existe este mecanismo hermoso que es Internet en el cual cualquiera que tiene algo para decir lo comparte en la web para que todos puedan nutrirse de ello.

Incluso podemos pensar en un posible aprendizaje futurista tan radical como el que plantea Melina Furman  en su charla TEDx,

A pesar de todo esto si no somos conscientes del problema que supone la falta de interés por el otro y por la propia educación, esta seguirá estando en problemas a pesar de cualquier avance.

El problema más grande de la educación es en definitiva que mucha gente leyó educación en el título de este post y jamás llegó a leerlo.

En la foto estaba sumergido en la educación y no me interesaba, hoy te agradezco por haber leído mi opinión respecto de este tema que tanto me apasiona.

 

Me interesaría mucho que opines sobre mi punto de vista y que dejes tus propias ideas al respecto  😉

Comentarios

1 comentario

J.Campos

Exacto.
Yo lo resumiria en la “crisis inquietud”, frase de iker jimenez


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