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Cómo llegué a trabajar como profesional sin trabajar jamás

Desde hace algún tiempo se está produciendo en todo el mundo un gran cambio en la forma de trabajar, pero en países subdesarrollados como los de Latinoamérica todavía es necesario ir derribando ciertos mitos y viejos paradigmas laborales que en muchos ámbitos siguen teniendo una fuerte influencia, y pueden estigmatizar a los más jóvenes que se inician en sus primeros empleos o como en mi caso, generar resistencia a darte por enterado que siendo independiente y estando en el mundo digital también se trabaja.

El estigma de trabajar o no trabajar alcanza a profesionales de ámbitos raros, o poco conocidos, pero también a empleados nuevos o a aquellos que cumplen determinadas tareas dentro de cierto tipo de empresas.

Te invito a identificar si sos o fuiste parte de una situación en la que no estabas trabajando.

1. Si sos nuevo no es trabajo

Cuando trabajaba en la empresa de mi familia existían dos sectores bien definidos. Un sector era el taller, donde se realizaba el trabajo más pesado y manual, y el otro era la oficina, en el que se atendía al público y se hacia el trabajo administrativo generalmente sentado frente a una computadora.

Sin embargo ni bien entré a trabajar a mis 19 años, y durante los primeros tres o seis meses, no pertenecía a ninguno de los dos sectores, ya que tuve que pasar por el famoso “derecho de piso“. No creo que en todos los países se diga igual pero es esto de que por ser novato o aprendiz en un determinado ámbito (en este caso una empresa), primero tenes que realizar las peores tareas, esas que nadie quiere hacer. Es ese primer momento en que no tenes objetivos definidos y todo se basa en la voluntad del presente inmediato de tu jefe o superior. No podes tener tiempo libre y no hay productividad que alcance, siempre hay alguna tarea que debes realizar.

La realidad de esta estúpida costumbre es que en las empresas chicas y medianas no hay gente encargada de estas tareas, que por cierto son totalmente dignas (en su mayoría), ya que los empleadores no están dispuestos a contratar personal específico para que las haga. El resultado es gente haciendo algo que no le gusta de forma cíclica y la desmotivación total y permanente de los nuevos empleados. Lo bueno es para el empleador, que puede pagarte una miseria porque no sos nadie y no estás haciendo nada importante o bien porque te están probando. Tampoco se toman el tiempo de comprobar tus habilidades, deseos o esperanzas previas, para intentar adaptarte a determinado sector o a determinadas tareas que generen valor para la empresa y bienestar para vos.

Otro aspecto quizás más técnico y menos fundamenta es que no existe un área dentro de estas empresas que se dedique específicamente a la capacitación de los nuevos empleados, entonces el aprendizaje sobre el flujo del trabajo y la dinámica de tareas específicas las vas incorporando de a poco, empezando por las que simplemente tenes que haber pasado un mínimo de tiempo en este planeta para poder cumplirlas correctamente.

El aspecto social también es fundamental y se trata del goce de los empleados más experimentados que lejos de intentar enseñarte o dar el ejemplo, les encanta la idea de tener un perrito que no pueda ni ladrar ni morder al que ordenarle y delegarle cosas. Por eso si estas pasando por una situación así, es importante creer en vos mismo y ganarte el respeto desde el primer día, porque siempre hay gente así en las empresas. Gente que con un poco de poder se cree la dueña de tu vida.

2. Si no hay fuerza no es trabajo

Después de ser el “che pibe” pasé a formar parte del taller donde llegué a colaborar en todas sus áreas. En el poco tiempo que dure allí ensuciándome las manos descubrí dos cosas, la primera es que no soy bueno para trabajar en un taller, y la segunda es un problema en unos huesos de la columna que desde entonces me impide hacer fuerza y deportes de alto impacto.

Gracias a ese descubrimiento “me gane” el pase a la oficina. Pero de nuevo, al escritorio que nadie quería ocupar, el de atención a  las viejas histéricas y los maleducados al público  Un nuevo sector, un nuevo derecho de piso.

Yo me llevaba muy bien con todos los del taller pero al pasar a ser oficinista hubo una especie de ruptura. En muchas ocasiones se daban conversaciones en las que los mecánicos se reían y burlaban de los que trabajábamos sentados, decían que nosotros no trabajábamos, o que así cualquiera trabajaba, o bien que eso no era trabajar. Si, así de contradictorio pero imperativo a la vez.

Algo que noté que les molestaba sobre manera era recibir órdenes, y como nosotros nos encargábamos del flujo del trabajo en el taller éramos quienes se las dábamos, por lo que ellos lo interpretaban como que el oficinista era en algún punto un superior. Supongo yo que le hecho de perder un poco de poder les generaba cierta envidia o resentimiento, y la verdad era que ellos tenían un sueldo muy superior al mío.

Saliéndonos de la empresa donde trabajé y de todos los clones que andan por ahí, hablando en términos sociales, la realidad es que para una gran cantidad de gente, si no te ensucias las manos, si no son muchas horas, sin no representa un sacrificio o si no haces fuerza, entonces NO estas trabajando. O lo que es lo mismo, aquellos que sí cumplen con eso, son trabajadores con mayúsculas. Pero yo creo que todo se remite a la siguiente frase:

Lo importante no es lo que hagas, si no cómo lo hagas

Habrá trabajos más pesados que otros, más automáticos que otros, más placenteros que otros pero todos son trabajos. Desde ese punto de vista muchos trabajos intelectuales son más físicos y desgastantes que muchos que son manuales. Y muchos trabajos automatizados son más estresantes que muchos trabajos creativos.

Creo que es momento de romper con este otro paradigma tomándote en serio y con responsabilidad cualquier trabajo que estés realizando.

3. Si es intelectual no es trabajo

Un día quise pedir un aumento porque me habían dado una nueva tarea, la verdad es que, si bien me recortaba el tiempo para el resto de tareas que tenía para hacer en la oficina, me alcanzaba el tiempo para hacer todo. Pero el aumento lo pedía porque consideraba que la tarea era un trabajo intelectual de gran responsabilidad y que merecía hacerse de la mejor manera con mucha atención y esmero. Y realmente lo era, era una tarea que de hacerla mal podrían multar a la empresa por miles de pesos o incluso inhabilitar sus actividades.

Ese día no sólo no logré el aumento si no que casi me despiden. Más tarde entendí que en las empresas, cuando uno es un simple empleado, goza de tener una institución (o varias) que lo sostienen. Podría haber aceptado la tarea, ganar lo mismo, hacerla a desgano o sin compromiso, podría haber salido algo mal, haber habido un problema muy grande, pero en ningún caso yo hubiera respondido por ello si no la empresa. De todas formas no pasó nada porque tampoco acepte el trabajo extra.

Yo tomaba cada cosa que hacía en la empresa como si fuera para mí, pero lejos de saberlo valorar (y reconocer) casi me despiden. Ellos no solo no podían ver ese compromiso si no tampoco diferenciar un trabajo físico de uno intelectual de uno automático.

4. Si te gusta no es trabajo

Aún hoy me pasa de sentir a veces la sensación que me acompañó durante los primeros años como Diseñador Web, esa de no sentir estar trabajando y por consiguiente de no poder comunicar concretamente lo que estaba haciendo.

Primero el hecho se derivaba simplemente por estar delante de una computadora pero no en una oficina de X empresa, si no en mi habitación en la casa de mis padres. En ese entonces la computadora era un sinónimo de televisión, de entretenimiento carente de utilidad.

Muchas veces sentí pudor cuando iba a decir que me gustaba lo que hacía, que había disfrutado hacer determinado trabajo o que me emocionaba tener un nuevo proyecto por delante. Uno está acostumbrado a escuchar sólo quejas de los trabajos tradicionales y es difícil decir estas cosas sin que el otro crea que en realidad lo que queremos es refregarle nuestro goce cotidiano.

Volviendo a la empresa, poco a poco había ido incorporando a mis tareas, algunas ligadas con lo que realmente me gustaba hacer y que hasta entonces sólo era un hobbie: comunicar. Empecé a través del diseño gráfico, por lo que me puse al hombro la tarea de re-diseñar toda la papelería de la empresa, luego seguí con las publicidades en los medios y concluí con el sitio web.

Generé un valor incalculable para la empresa, que aún hoy es utilizado y que genera muchos beneficios. Pero en ese momento era chico… y eso era un hobbie no un trabajo (por eso me gustaba) y por eso, bueno, nunca me pagaron.

5. Si no es tangible no es trabajo

Este punto comienza una vez que abandoné la empresa y me convertí en un trabajador independiente, continuó durante el proceso de convertirme en profesional web, y hasta el día de hoy muchas veces todavía me afecta.

Con el trabajo digital sucede algo como lo que vemos a diario en las redes sociales cuando la gente no puede evitar compartir ciertas cosas casi sin pensar solo para tangibilizar sus emociones, solo que a la inversa. Resulta que para el mundo “real” yo no tengo nada que mostrar. No voy a una oficina a trabajar, no me tengo que vestir de una forma particular, ni siquiera dependo de otras personas para hacer mi trabajo. Las herramientas que utilizo son a simple vista las mismas que tiene muchísima gente, una computadora, un celular, un cuaderno y no mucho más.

A esto hay que sumarle que una vez puesto del lado que menos se entiende, una vez elegida la carrera más trasgresora, nueva o desconocida, uno se enfrenta no solo con el problema de la falta de tradición y de instituciones que lo apoyen, si no también y en un mismo plano con la imposibilidad de tangibilizar su trabajo o su éxito. Sobre todo si el trabajo es netamente digital.

Si bien el trabajo existe dentro mundo digital y de hecho podemos ver como cientos de personas que se beneficiaron de este mundo e incluso surgieron gracias a lo digital, en el mundo “real” uno se enfrenta a la imposibilidad de que su entorno menos tecnológico entiendan de qué va tu trabajo.

Entonces tus padres y amigos no puede discernir si lo que haces es bueno o malo, tampoco si te está yendo bien o mal, tampoco pueden aconsejarte en nada porque no comprenden nada ya que no tienen historias previas y tampoco con qué comparar.

Los demás no saben cómo tratar lo que les contás o cómo reaccionar, ni siquiera saben si deben reaccionar a las palabras que estas conectando. Es algo que no les pertenece ni de lo cual nunca habían escuchado. Es entonces cuando toman una decisión: ignorarlo.

Luego de sentirme ignorado cientos de veces opté por ignorarme a mí mismo, opté por el silencio y sucedió algo increíble.

Si me pongo en la piel de los demás y repaso mi relación con mucha gente, deben creer que no trabajo, que nunca trabajé o que alguien me mantiene. Al existir tanta ignorancia alrededor de mi trabajo es como si este se anulase y con él todos mis éxitos y fracasos. Es de esta reflexión que surgió el título de este post, porque es gracioso pero refleja bastante bien esta situación.

Algo que aprendí luego de entender esto es que uno debe juntarse con la gente que tiene tus mismo intereses y con la cual puedas compartir tus experiencias. Personas y grupos que puedan valorar y criticar tu trabajo e incluso aconsejarte y guiarte. Por eso si trabajas de forma independiente y en el mundo digital estás en el lugar adecuado.

 

 

Con esto termina mi repaso de lo que para mí, a esta altura de la historia de la humanidad y con la actitud correcta, sólo deberían ser mitos o al menos viejos paradigmas laborales. ¿Tuviste experiencias similares? ¿Sentiste en algún momento algo cómo lo que relaté?

Comentarios

2 comentarios

Fernando Contreras

Increible post.

Yo estudie para ser tecnico en mecatronica en la preparatoria, aprendi mucho pero al ver mi poca habilidad para la mecanica, un tanto la electronica y que siempre preferia estar en la computadora, opte por cambiar de carrera en la universidad. Actualmente ya soy casi egresado de una carrera de IT.
Generalmente he sentido que no encajo en los trabajos, suelo querer variar siempre por buscar algo que pueda llenarme, no solo en eso, sino en toda mi vida.

La gente que me veia “creia” que ganaba muy bien como freelancer, por solo estar detras de la computadora, sin comprender el esfuerzo y sacrificios que estos conllevan.
En ocasiones me veian en facebook y pensaban que solo perdia el tiempo, siendo que lo usaba 5 mins para distraerme.

Ahora estoy esperando mi epifania para saltar mas lejos, tomar mas riesgos y empezar a vivir la vida como un freelancer, o talvez como un startupero.
Espero nos sigamos leyendo, saludos!

Marcos

Gracias por tu mensaje Fernando!

Que bueno que tuviste la valentía para cambiar de carrera a tiempo. Espero que puedas egresar pronto y empezar a construir tu propio trabajo y tu propio camino.

Es así como decís, el sacrificio nunca es conocido, pero no dejes que el entorno te eche para atrás 🙂

Estoy seguro que con la actitud correcta vas a lograr ese salto y vas a ser un gran profesional. Abrazo!


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