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Sobre la identidad: ¿hoy ya recortaste tu vida?

La identidad de una persona, un profesional o una empresa no se construye de un día para el otro, no se trata solo de lo que se ve, y tampoco depende 100% de uno mismo. Cada cosa que hacemos y no hacemos, cada cosa que decimos y cómo lo decimos, cada actitud, cada gesto, cada paso que damos cuenta.

En este sentido algo muy importante es cómo nos mostramos frente a los demás en nuestro día a día y qué es lo que les comunicamos. Es bastante frecuente encontrarnos con dos tipos de personas que suelen dar respuestas muy diferentes a la hora de responder cómo están o qué es de su vida:

  • Los optimistas: quienes nos cuentan que todo está genial y que incluso al contar algo normal, su estado de ánimo lo hace parecer realmente muy bueno.
  • Los pesimistas: quienes nos cuentan que todo está horrible y que incluso al contar algo normal, su estado de ánimo lo hace parecer realmente muy malo.

Yo conozco una persona a la cual siempre que se le pregunte dirá que le va mal o te contará su último problema de turno. Es más, si él llega a decir que está “bien” lo hace acompañado de una cara y una actitud que deja a las claras que no lo está, como para que se le re-pregunte y entonces sí vomitar todas sus desgracias.

Creo que es bastante obvio que a todos nos pasan cosas buenas y malas pero lo que quiero retratar con estas categorías de respuestas es que, cuando de tu identidad se refiere y por lo tanto también de la imagen que los demás perciben de vos, mucho se trata de cuál es el recorte que vos mismo haces de tu propia vida.

Una identidad de película

Imaginemos que nuestro protagonista sufre permanentemente de migrañas o algún otro dolor o trastorno físico de forma crónica. Es una persona que a pesar de ello tiene como todo mortal días buenos y días malos, hace cosas geniales y cosas terribles, así que veamos cómo podría construir su identidad dependiendo de cómo recorta su realidad:

Él podría comunicar sus dolores permanentemente a quien tenga al lado y podría quejarse de todo en lo que le afecta negativamente. La gente entonces sabría de su problema, para nadie sería un misterio y al margen de sentir pena o compasión, lo tomarían como alguien frecuentemente indispuesto, lamentablemente muy limitado para ciertas tareas debido a sus problemas, y como a una persona que tiene muchas dificultades para lograr lo que quiere.

Pero él también podría hablar muy poco de sus problemas, o contar eventualmente, que a pesar de sentir ciertos dolores físicos (quizás atenuando sus síntomas), pudo lograr tal o cual tarea, cosa que lo llena de orgullo o al menos lo hace sentir muy bien mentalmente. En este caso no todo el mundo sabría de su problema y probablemente se enteren de su difícil realidad únicamente por medio de terceros, lo que enaltecería cada tarea realizada por esta persona y de hecho le daría más valor y se apreciaría su actitud.

Mientras que en el primer ejemplo hace de su problema una discapacidad, en el segundo lo convierte en un valor. Mientras que en el primero hace de su problema una condición, en el segundo lo toma como un punto de partida.

Seguramente conoces a alguien que frente a las adversidades se comunique de alguna de estas dos formas. Incluso cientos de películas se basan en historias como el segundo ejemplo.

De una forma similar funciona todo lo que nos pasa en nuestras vidas. Cada uno vive con alguna adversidad o dificultad, algunas son más obvias otras no tanto, algunas no dependen de uno mismo o tienen que ver con nuestro entorno, y otras surgieron por accidentes, pero por fuera de todo eso, siempre tendremos la oportunidad de recortar nuestra vida.

Esto tampoco se trata de no permitirte tu momento de pataleo frente al universo o de no llorar cuando así lo sientas aunque parezca no haber motivos, o que, como suele pasar, muestres en las redes sociales tu súper vida cuando en realidad no disfrutas ni un solo momento de los que trascurren.

A lo que me refiero con toda esta reflexión es que la próxima vez, hagas el ejercicio de prestar atención cuando te pregunten ¿Y que es de tu vida? o ¿Y qué haces de tu vida?, incluso con un simple ¿Cómo estas? ¿Cómo fue tu día? También podrías intentar escribir una pequeña autobiografía, para al finalizar poder pensar en qué cosas te detuviste y en cuales no, qué cosas preferiste contar y cuales ocultar y la causa de eso.

El resultado no será saber si sos pesimista u optimista si no que vas a poder analizar qué y cómo comunicas. Vas a reconocerte o no en tu propia vida, tu recorte va a coincidir o no con tu realidad y con lo que sentís que te pasa. Vas a lograr identificarte o vas a sentir que es la vida de otro. Ya sea por comunicar mal, lo que sería una buena noticia ya que se trataría solo de pulir el mensaje, o por realmente no haber logrado lo que deseabas.

A mi entender, la identidad personal y profesional van de la mano, por lo tanto el recorte que hagas de tu vida a cada momento se transforma en la huella que dejas para los que vienen detrás tuyo y quieren conocerte. Ellos también tendrán la oportunidad de reconocer o no tu identidad.

La huella no te garantiza que le caigas bien a todo el mundo o que todo el mundo te crea exitoso o buena persona, simplemente marca un camino y funciona de guía. Cuando alguien piense en vos o te tenga en frente, sabrán por dónde empezar, ya sabrán qué percibir y cómo responder.

Por eso no creo que quieras ir dejando por ahí una huella pesada, que sea para los demás predeciblemente negativa, o lo que es igual de malo, completamente monótona. No querrás que ni bien te tengan a la vista te vean como una persona con una nubecita con lluvia por encima de la cabeza, y tampoco que te respondan por compromiso o compasión que todo va a estar bien o que ya va a pasar.

Por lo general hay una regla de oro para identificar a esta gente y para no convertirte en una de ese tipo, es la gente que se le pasa el tiempo volando, que cree que el 2010 fue ayer y que no puede creer que ya haya pasado un año. También lo es la persona que te cuenta que lo único que esperaba era llegar a la casa después de su trabajo, la que lo que más espera en la semana es el fin de semana, o peor, la que lo único que espera del año son las vacaciones.

Puede que suene exagerado pero la realidad permanentemente es recortada por todos en todo momento. Por lo tanto sí importa lo qué recortamos y cómo lo hacemos. El recorte que nosotros hacemos va generando una imagen, si esa imagen no se parece en nada a lo que crees que es tu identidad es probable que estés comunicando mal o bien que ni te habías enterado que tenías una.

¿Entonces se trata de fingir?

No, para nada.

Tu identidad no se trata de mentir ni de fingir lo que no sos o lo que no te pasa, se trata justamente de poder escribir lo que te gustaría escribir, o mejor dicho, se trata de disfrutar la lectura de algo ya escrito porque eso era justamente lo que esperabas escribir.

Entender que nos guste o no tenemos una identidad, nos genera conciencia de ella y hace que estemos más pendientes sobre la huella que queremos dejar detrás nuestro. Esa huella por la cual también nos gustaría que la gente que nos sigue llegue a nosotros.

Pensá en el recorte que se puede hacer solamente del día de hoy o de ayer. ¿Podes hacer un recorte? ¿Da lo mismo que lo hagas o no? ¿Te sentís bien con ese recorte?

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